5 de abril de 2009
8:36 p. m.

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Viacrucis

Aléguele a Galo
El día de hoy comienza la semana santa, el mejor símbolo junto con la navidad de lo que más le agradecemos los autores de este blog a la iglesia católica: los días festivos. El hecho de poder descansar dos días (para algunos afortunados es la semana completa) en los que de otra manera tendría que estar trabajando, es la mayor bendición que he recibido de los católicos. Por tal motivo, es necesario buscar algo para entretenerse del jueves al domingo.

Una de las opciones es salir a pasear. Es lógico pensar que unos días fuera de la ciudad, conociendo otros lugares o simplemente descansando alejado de los problemas cotidianos es una buena alternativa. Sin embargo, estos paseos se pueden volver una tortura por cuenta de nuestro sistema de transporte. Si se decide viajar en bus debe uno soportar una terminal de transportes atiborrada y esperar horas para conseguir un puesto en un bus con sobrecupo en el que sientan personas en los pasillos y en la parte de adelante junto al conductor. El conductor parará en cualquier parte a seguir recogiendo pasajeros que seguirán acomodándose en los pasillos, haciendo el viaje cada vez más incómodo e inseguro, ante la mirada complaciente de la policía de carreteras que solamente está pendiente de partir al que vaya sin luces de día.

Mientras el busero va más rápido de lo que puede frenar, conduce por la izquierda y adelanta en curvas por una de las trochas que tenemos por carreteras (algunas  llamadas cínicamente "autopistas"), el pasajero podrá deleitarse con películas mal dobladas o tan interesantes como Talento de Barrio, protagonizada por alguien a quien le robaron el Oscar: Daddy Yankee. Luego de esto, uno de los ayudantes del bus  pensará que una tanda de música para planchar a todo taco es perfecta para viajar a las once de la noche. Si tiene ganas de ir al baño, olvídese, está lejísimos y tiene que pasar entre veinte personas acomodadas en el pasillo. 

Hay dos opciones con el aire acondicionado del bus. La primera es que no funcione. La segunda es que sea tan potente que haya que viajar con saco, chaqueta y cobija y que misteriosamente el agua tenga una fuga justo en el puesto en el que usted va sentado.  Es probable que el bus pare en medio de la nada porque se pinchó la llanta, porque hay una fila enorme de carros por algún derrumbe en la "autopista" o porque hayan partido al busero, no por adelantar en curva, por exceso de velocidad o por el sobrecupo sino porque un stop está malo.  Esto hará que el viaje se haga de dos a tres horas más largo. Por último, luego de no sentir los pies y tener un dolor de espalda espantoso por estar sentado en una silla  incómoda por  tanto tiempo, se encontrará que el lugar paradisíaco en el que uno iba a descansar está lleno y la única opción es dormir en el cuarto de aseo o en una banca del parque del pueblo. 

Lo peor de todo es que sabiendo lo que me espera sigo buscando un sitio adónde ir esta semana. Creo que es porque todo ese sufrimiento sigue siendo mejor salir a pasear que quedarse en la casa viendo el clásico del Gore,  La Pasión de Cristo, o  películas mil veces vistas como Los Diez Mandamientos o Ben Hur. También porque es mejor tener una disculpa por si en la empresa se les ocurre que alguien vaya a trabajar el viernes santo y como siempre en esos sorteos uno siempre es el elegido. Es mejor poder decir "estoy a once horas de camino y eso si está suave la carretera".


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