Definitivamente es dificil entender la magnitud de las cosas hasta que le suceden a uno. Y hay tantas cosas en este país que suceden todos los días sin que uno llegue a creer nunca que le pueden pasar; tal vez sea por costumbre o por negación o como una forma de permanecer tranquilos y duele, enormente, cuando tu esfuerzo y dedicación se van a la basura por unas cuantas decisiones tomadas entre trago y trago.
Mucho se dice sobre la rosca: que es lo peor, que es el cancer de la sociedad, que por eso este país está como está, que lo malo de la rosca es no estar en ella y que al igual que "corrupción", pertenece a ese grupo de palabras prohibidas que todos debemos odiar, pero de las que todos tenemos poco o mucho y ninguno entendemos.
En el sector privado hay que aceptarlo. En el tipo de sociedad que tenemos, o al menos pretendemos tener, cada quien tiene libertad de hacer lo que quiera con lo que le pertenece y si alguien quiere contratar en su empresa a su circulo de amigos más cercano, pues bien por él, igual ellos también tienen derecho al trabajo así su política de selección se asemeje más al de una tienda de barrio. Hablando de temas públicos, ni que decir, los afectados resultamos siendo todos.
Lo triste de todo esto es la incapacidad que tenemos como sociedad para salir adelante haciendo nuestro trabajo de la forma más apropiada, de forma inteligente y consecuente con unas metas propuestas. Se llega al absurdo tal de ni siquiera proteger lo que nos pertenece solo por justificar la relación con un incompetente y resulta curioso que al final los puestos por amistad terminan con el puesto y con la amistad
En Crítica Destructiva condenamos este tipo de prácticas, en parte por que hemos sido victimas directas de ellas aunque esperamos vernos algún día favorecidos por una de estas. Mientras tanto esperamos de los empleadores que si no van a dejar de contratar a sus amigos, por lo menos no pasen por encima de los que ya dedican su tiempo y fidelidad con ustedes.








