19 de diciembre de 2012
12:16 a. m.

6 Indignados

Si un día me has de querer te debes apresurar. Parte 2.

Aléguele a Galo
En los últimos días hemos visto cómo la NASA hace esfuerzos en convencer a la gente de que el próximo viernes 21 de diciembre de 2012 no se va a acabar el mundo. Es increíble ver que hayan tenido que utilizar recursos como un  cuestionario,  videos o un hangout para convencer a la gente de que el próximo viernes será un día como cualquier otro. Esta entrada no va a dedicarse a desmentir lo que los charlatanes dicen sobre el asunto. Para eso hay muchos recursos, como los que ha aportado la NASA. La verdad me pregunto si este instituto, que siempre se ve en problemas para financiar sus proyectos debe dedicar recursos económicos y humanos a desmentir charlatanes.

No es la primera vez que la NASA tiene que salir a decir que lo que aparece en algunos medios no es cierto.  Hoy es lo de "los mayas", ayer fue el supuesto montaje del primer alunizaje, mañana será otra falacia. Seguro me dirán que una de las funciones de la NASA es la divulgación, pero hay muchas cosas más interesantes que la gente podría conocer. Aclaro que defiendo lo que están haciendo en este caso, es necesario evitar suicidios colectivos, pánico y esas vainas. Pero si como dije arriba, cada vez que alguien sale a decir cualquier babosada, tiene que salir la NASA a desmentirlo, algo está mal. ¿Qué es lo que está mal? La capacidad de muchas personas de analizar de forma crítica la información.

Si alguien le dice a usted que tiene un carro volador, lo mínimo que le pediría es alguna evidencia. Seguramente no me conformaría con una foto, necesitaría que le permitiera verlo en acción, incluso si es posible dar una vuelta en él. ¿Por qué con algo más irreal que un carro volador la gente no es capaz de usar esta capacidad de dudar? ¿Por qué si le dicen que una civilización de hace cientos de años fue capaz de predecir la fecha del fin del mundo no lo ponen en duda? Seguramente si le dicen "su mamá morirá mañana", más fácilmente lo haría. Lo más triste es que mientras los estafadores que escriben libros y presentan programas de televisión en canales que uno creía que eran serios se llenan los bolsillos, algunas personas son capaces de suicidarse - o peor, de matar a sus seres queridos por lo que estas personas dicen, y entidades con un presupuesto apretado como la NASA, que tienen que salir a evitar estos y otros problemas. No sé hasta dónde sea posible entablar acciones legales contra los que se lucran de la ignorancia de la gente, pero esa no es la solución de fondo.

Porque después de una patraña sigue otra y después de un embaucador viene otro detrás. La solución parte de dar a conocer no solo por qué son falacias sino cómo se detectan. Aquello que parece tan obvio no siempre lo es. Por eso invito a los que me lean a conocer de qué se trata el pensamiento crítico y entender su importancia. Lo de las supuestas predicciones mayas será una anécdota a partir del 22 de diciembre. Pero hay muchas otras falacias, en prácticamente todos los campos, que la sociedad ha aceptado y que no tienen una fecha límite. Para terminar, la parte 1 está por ahí en el blog como subtítulo en un artículo viejo. Si alguien lo encuentra me cuenta.

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17 de noviembre de 2008
7:58 p. m.

16 Indignados

La pinta es lo de menos

Aléguele a Galo
Siempre le había tenido pereza a usar corbatas. Solamente había usado una en mis grados del colegio y de la universidad, o cuando la situación lo obligaba como fiestas o velorios. Nunca me imaginé poniéndome la soga al cuello cuatro de los siete días de la semana y siempre le tuve cierta desconfianza a la gente que lo hacía. Eso de andar con camisilla, camisa abotonada en los puños y el cuello, corbata y saco a treinta grados se me hacía como sospechoso. Pero ahora que por motivos laborales me toca disfrazarme la mayor parte del tiempo me he dado cuenta de ciertas ventajas que para algunos justifican vestirse así en la ciudad de la eterna cambiadera.

Desde que uso corbata y siempre y cuando la tenga puesta dejo de ser un peligro para la sociedad. Si necesito preguntar algo en la calle la gente me ayuda en lugar de salir corriendo. No tengo que anunciarme en las porterías de los edificios ni mucho menos dictar mi número de cédula, firmar hora de llegada y salida ni dejar un documento con foto. En los centros comerciales y universidades mi carro dejó de ser sospechoso de llevar explosivos o de ser la bolsa donde se guarda el botín y no me piden que abra el baúl y los vigilantes me saludan con cara de "éste me puede hacer echar y me toca tratarlo bien". En las oficinas las secretarias sonríen más de lo normal, me toca esperar menos para que me atiendan en cualquier parte, en la calle me entregan más volantes de apartamentos y los que limpian vidrios en los semáforos joden menos cuando uno les dice que no (no digo que no joden porque eso es imposible). En otras palabras, entendí a qué se refiere la gente cuando habla de "Colombianos de Bien".

Siempre me pareció que la mayoría de la gente que usa corbata todos los días tiene cierta tendencia a la prepotencia. Ahora me doy cuenta que son los prejuicios de las personas los que le suben el ego a quienes andan disfrazados. Seguramente esos que pasan sin saludar y miran a todo el mundo con cara de "yo soy más importante que usted" en algún momento de su vida extrañaban también la posibilidad de mover el cuello y se desesperaban con el calor a las dos de la tarde. Solo espero no terminar creyéndome el cuento de ser un "Colombiano de Bien".

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